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Llueve

Llueve.

No tengo teléfono en casa, a unas cuadras la lluvia y la tarjeta mojada dentro de la cabina. Una lada que saldrá en cuatro pesos el minuto. Mi computadora en la mochila, pienso en encargársela al chico de la tienda, pero el teléfono ya está marcando. Contestan, es su hermano, lo llama.

Oigo que antes de hablar por la bocina, carraspea. Sabe que soy yo, piensa que estoy allí, a pocos pasos, y que le preguntaré a que hora nos veremos. Exclama ¿cómo estás? Contesto que debajo de la lluvia, y entonces cambia su tono de voz: “eso quiere decir que estás lejos”


[¿Por qué te fuiste lejos?]


Lejos, pienso, y entonces me salen las palabras y me tiembla la voz: tuve una emergencia… quería, de verdad quería verte.


No miento, en esto último no miento. Te llevaba una película, exclamo, X, ¿ya la viste? No la veas, te la llevo.

No te preocupes, estamos a merced de la causalidad… murmura.


... de verdad, estaba emocionada. Quería verte.

Yo también, responde.

Y le cuento, como Alonso me contaba, una historia extraordinaria…


***

No volveremos a vernos, lo sé, en varios meses.


***

Y llueve.

Llueve.

Como para salir a enchubascarse

…aunque haya parado, maldita sea, de llover.

[Nota: Imagen de Simon Larbalestier]