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TANGO




La primera clase de tango terminantemente me prohibieron bailar con un chico. Los dos éramos un desastre juntos. Je, separados yo era el desastre, supongo. La última clase (para mí, puesto que el examen de filología es el próximo viernes y no pienso asistir a tango en la víspera) no fue nada inspiradora para mis convicciones de seguir bailando. Me sentí muy muy mal...

En la parada de autobuses el susodicho se acercó. "Tuviste valor para seguir viniendo, valiente. Otro en tu lugar se hubiera rajado". Me abrazó y le dije que había estado muy sensible, que el estado de ánimo afecta la concentración, y bueno... sha la . Me acompañó hasta la casa y yo no tenía muchas ganas de llegar a hacer tarea. Je, hasta me ofreció volver a bailar juntos "Estás consiente de que somos una calamidad como pareja?" le dije. "Sí, pero no estarán los profes para regañarnos..." me contestó. Me reí y acepté conocer sus rumbos y un café que tiene su familia.

Pusimos tango, una de sus amigas dijo que bailáramos y le contamos nuestra triste historia de acoplamiento. A la luz de una vela (que según me dijo, había hecho su madre) le pregunté, después de algunas canciones e intercambio de experiencias musicales...

-¿Pero, por qué tango?

Él tomo un poco de aire y bajo la mirada.

-Porque, como diría el maestro Cioran..."El único sufrimiento que se baila...es el tango"


Yo no tuve más que decir esa noche...