
Y al final, tal vez, como dice Posada, quedo siempre mirando a la portería.
***
El juego no termina hasta que termina, dije alguna vez, en otro tiempo, y esa vez hubo un remate de miradas. Y es que a veces el balón está tan cerca, la seducción es tanta, que digo sí claro que sí y el ruedo ya no es ruedo sino un campo de batalla. Puedo oir los gritos en la tribuna, oler el sudor que aparece dentro de mí porque no estoy sentada en la banca. Porque después de todo-y a pesar de todo- no me gusta estar sentada.
Y después el pasto verde, los golpes, el eterno azar que favorece el roce entre las piernas, el balón conquistado y la agitación extrema. Y después los vituperios, el silencio de la mente y el temible latido, el momento que congela y se congela.
Y después de eso, nada.
Y después de eso, nada.
Y después de eso incluso, no es el pase al compañero,
que anota o falla, eso carece de importancia.
El balón se ha ido,
sigue su curso...
Lo tenía.
Lo tenía...
¿Lo tenía?
Y después el pasto verde, los golpes, el eterno azar que favorece el roce entre las piernas, el balón conquistado y la agitación extrema. Y después los vituperios, el silencio de la mente y el temible latido, el momento que congela y se congela.
Y después de eso, nada.
Y después de eso, nada.
Y después de eso incluso, no es el pase al compañero,
que anota o falla, eso carece de importancia.
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El balón se ha ido,
sigue su curso...
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Lo tenía.
Lo tenía...
¿Lo tenía?