Es difícil de decir. Después de este fin de semana no es que se haya pasado la emoción: por supuesto que vive, aquí, muy cerca. Después de todo es la misma posibilidad de sentir la que él, con sus brazos ciertos y su cuerpo tibio, me ha regalado. Esa tarde, en la que juntos hicimos armisticios y burlamos las defensas; en la que por fin un juego terco de voluntades se quedó esperando un nuevo turno en la puerta, me dejó temblando. Así es –pensé- así es como la gente se deja vivir. Así es como las cosas siguen su curso, como las personas desisten de la espera...de la espera de fantasmas. De esta forma uno cierra el cuaderno de la fantasía, y vuelve a leer las hojas, bajo otras certezas. De esta manera se cierran los libros tal vez aun llorando y se dice que la primera vez en esas líneas siempre será la primera…pero pasa. Siempre –aunque no exista la duración de esa palabra-pasa.
Y entonces pienso que es obra del azar el que estés ahora conmigo. Y una suerte de pájaros sin sueño se detiene en la ventana para reconocerte y darte forma. Y así te unes a mi reflejo, en sus pupilas dilatadas; así nos contemplamos, nuevos, en sus ojos.
Por que al final tal vez seamos sólo eso: espejos en los ojos de los pájaros. Ellos, que se irán de nuevo y mirarán a los amantes detrás de los cristales; ellos, que advertiran con su andar inquieto el deseo materializado, vuelto nombre.
...ellos, que indefinidamente cargarán en sus alas la despedida, se pararán en ventanas nuevas, y regalarán la ilusión de otro comienzo...