I
Cuando era pequeña, (tendría unos cinco o seis años) le pregunté a mi madre: ¿Me quieres? Ella contestó, desde luego, que sí. Le pregunté que cuánto. Respondió que mucho. Estábamos abrazadas, en su cuarto, era media tarde… o tal vez reconstruí el recuerdo, porque otras veces también la abrazo a la misma hora del día, cuando los pájaros del parque empiezan a guardarse en los árboles. Me quedé pensando y volví a cuestionarle: ¿Por qué me quieres? Ella asintió determinante: “Porque eres mi hija”. Y yo seguí: ¿Entonces si yo fuera, por ejemplo, mi prima Briz, no me querrías igual? Mi madre dijo algo que me dejó consternada: “Te querría de otra manera”
… muchos, muchos años, traje inconciente esa respuesta. Poco tiempo atrás volví a recordarla y hace unos días reflexioné mucho sobre ella. Nunca he dudado del cariño de mi familia. No necesitan decírmelo, lo demuestran, lo siento y también, también con ella reconstruyo mi memoria cuando se sientan a relatar historias, tomando café en la sobremesa la clásica de cuando tenía tres años y mi tía me dijo “verás que armo este rompecabezas en un dos por tres” y yo conté rápidamente uno dos tres, no es cierto, no es cierto tía!!”o que fui una niña de brazos y calle, que una vez me escondí en el ropero y no me encontraban…o que quería ser veterinaria y bióloga marina y mi instinto de salvación animal decayó cuando vi por primera vez la inseminación de una vaca.
II
…el domingo pasado no fue precisamente un buen día. Tuve una discusión acalorada con algunos de mis familiares… había otro primo de Puebla que me apoyaba en el argumento de “defender el ser diferentes”[1] no llegamos a ningún acuerdo, y terminé muy pero muy desgastada…horas después estábamos celebrando mi cumpleaños, con pastel que trajo la tía tal, con flan de mi ma, y con gelatinas de la abuela. Y yo pensaba “¿Así nomás?” y es que era como si no hubiese pasado nada y siguiera siendo la nieta y la sobrina y la hija y no había mayor disturbio. Bueno, dije, había pastel…
Entonces llegó como una gota de agua la respuesta de mi madre. Y me pregunté todo el día si era un “requisito” quererme por que me une a cierta gente mis dos apellidos, y no por lo que soy como persona. (Bueno, hasta ahora no termino de saber bien a bien quien shingados soy…)
III
…el lunes el teléfono, empezó a sonar desde las nueve de la mañana (gracias Mike, por ser el primero en despertarme! Jejeje) pero debido al “incidente” del día anterior me dije “quiero estar sola, ir al claustro del convento y leer lo que me falta de Sobre Héroes y Tumbas, no quiero saber nada de nada”…no, no fue así.
El año pasado, ciertamente, llovieron regalos (eso fue más bien circunstancial) Esta vez, llovieron llamadas, llovieron mensajes, llovieron palabras. Fue algo simple, fue algo sencillo, y fue algo muy hermoso.
Y en los casos en que uno anda con las lágrimas de cocodrilo, y en los casos en los que uno anda sentado escribiendo a estas horas de la madrugada y piensa en lo bueno que es en estos momentos vivir…en que este pequeño equívoco después de todo ha valido la pena… empieza a recordar que alguna vez un tío le dijo a uno en su cumpleaños número quince después de cantarle una canción: “nos trajiste luz cuando llegaste” o las palabras de otro tío en alguna navidad en la que estaba un tanto borracho “quien te conoce ya no puede escaparse de ti, lo atrapas en tus manos” o el mail de Lau en donde me contaba de cierto profe que le enseñó cierta cactácea que todavía guarda en la dirección de cierta prepa… “sabes dejar huella a tu paso, eres del tipo de personas que es muy difícil de olvidar”
Este ha sido, sin duda alguna, uno de mis mejores cumpleaños. Gracias a todos por sus mensajes, llamadas, felicitaciones. DE VERDAD. Si hay algo que valoro, por mi condición de cuentera, es la palabra.
Saben que los traigo aquí guardados como en una cajita está la tierra de la casa del convento y de mi casa. Saben también que si por algo deseo titularme es para tener a mi lado a la gente que quiero en una pachanga con banda y tequila en mi tierra.
En especial, Janik, gracias a tí por el post con el que cerré, exactamente, el día de mi cumpleaños… la línea final me dejó temblando y se me salieron las lágrimas… Bonifaz y mi amiga reunidos en letras, es una combinación de la que no puede salir ilesa…
GRACIAS muchísimas gracias de verdad: amigos, cómplices, familiares, compañeros de viaje en blogs...
Aprendo de la vida
y mi vida también la hacen ustedes…
P.D. NO ANDABA MUERTA, ANDABA DE POBLANA...
[1] Ah, es una larga historia. Sólo diré que en la familia de mi madre ser limpio y ordenado es una cualidad humana entrañable: se puede ser chingón y ordenado, las dos cosas…pero es imperdonable que se sea “chingón” nada más… más bien, no es requisito ser chingón, eso es circunstancial, pero es de vital, sí, vital importancia ser ordenado… eso es cuestión de educación…mi cuento favorito por mucho tiempo fue Carta a una señorita en París, de Cortázar.
