
Hoy concluí: todavía no estoy para concluir grandes cosas.
Tlara lá. Tlara lá.


1
El juego de la realidad produce monstruos. Bueno, esa no es la famosa cita pero en eso pensé justo ahora. Y más bien, no es exactamente que la realidad los produzca. Es que en la realidad –lo que sea que eso sea- cabe toda posibilidad y ante eso tan inminente, lo razonable queda a veces –muchas veces- muy corto.
Entonces en la realidad lógico-ordenada (ideal, por supuesto) se producen alteraciones “monstruosas” fuera de los contextos “apropiados”.
Pero eso, desde otra lógica, es lo que debe pasar.
Lo contrario –pienso yo, humildemente- sí sería una aberración.
Me calmé. Me dio tanto gusto verla allí. Le dije, te mandé un mensaje. Me contestó que había olvidado el teléfono.
4
No mentía cuando le decía a un amigo- sí, el Juglar- que el mundo es absurdo. Completamente absurdo.
El me dijo que sí, que era absurdo; pero habitual.
Habíamos planeado comer juntas el fin de semana. Me dijo que lo arregló todo y hasta iría a ver
Hace algunas semanas recibí noticias suyas - no vi el mail el día que lo mando, estuve en trabajo de campo casi todo el mes – el asunto del correo decía, simple y llanamente: Espero que seas tú.
Pensé que se trataba de una broma, incluso pensé en que alguien más que supiera su nombre podría haberme mandado ese correo. Pero el contenido de éste refería algunas cosas que no me hicieron dudar.
Pues bien, había perdido su cuenta de e-mail y con ella todos sus contactos. También decía que dio conmigo al tratar de hallar un poema, vía internet, pero que no estaba segura de que mi correo siguiera siendo el mismo. El seguimiento, según me anunciarían las pláticas que tuvimos después, era bastante lógico.
En la primera de ellas, no reconocí su voz. El recuerdo era lejano y más bien lo que tenía muy presente era su imagen. Revisando en los álbumes di con una foto suya, estábamos en la biblioteca. Se puede notar, entre los libros regados en la mesa, el primer disco de Avril lavigne.
Su voz tenía más bien una mezcla de templanza pero sin un sesgo de descanso. Es una mujer hiperactiva y, cabe mencionar, se nota que está sumamente satisfecha con lo que hace.
Me preguntó, animadamente, que si ya había sacado un libro. Le dije que no, pero que tenía algunas publicaciones, recientemente una en una antología de
… y sí, han pasado.
No recuerdo como la conocí. Seguramente en algún concurso de esos que se hacen entre preparatorias, donde el espíritu estudiantil se une por la misma causa: ganar, y ganar por el nombre de una escuela. Era, eso si lo recuerdo bien, un as en matemáticas. Alguna vez que falló su compañero de equipo en el proyecto de la bobina de tesla, me ofrecí para ayudarla. Esa vez expusimos en
En esa feria compré un par de libros de Pessoa. No sé ahora donde están.
E-De verdad tengo muchas ganas de verte
Y-Si!!! Yo también, estoy emocionada.
E-Hay tantas cosas qué platicar
Y-Pues imagínate, “como han pasado los años”, jaja
E-Ah, tienes razón, ya se fueron como agua, la próxima semana cumplo cinco años aquí
Y-Sí, igual yo
E-Pero fue la mejor decisión que pudimos tomar
Y- (suspiro) para serte sincera, en ese tiempo no la consideraba con toda su magnitud, más bien todo era hermoso, vaya, hasta prepararse para el examen, viajar a Puebla para estudiar mientras los otros seguían en clases…sí, era una ilusión muy grande…
E-Si! Exactamente, estábamos muy ilusionadas
Y-Pero yo no tomé conciencia de lo que vendría, hasta mucho después
E-Vaya, mujer, estás donde tienes que estar, eso no lo dudes ni tantito!
Y- (otro suspiro) Sabes jugar cartas, ¿no?
E-Ehemm
Y-Bueno, pues, en
E-Ajá…
Y-La razón por la que vine a México, fue porque no tenía idea de las cartas, es decir, no las veía. Quedarme en Puebla era, de alguna manera, mucho más cómodo y seguro. Vamos, hasta mi lugar en la universidad estaba dado por hecho. Pero le aposté al juego de la mesa, y, tal vez, no porque fuera éste mejor que el otro. Le aposté porque simplemente no lo conocía…
***
El domingo vi al Juglar negro. Me había mandado información acerca de unos talleres en Puebla. También me pasó su tercer libro, Cuentomancia, que devoré en cuanto tuve en mis manos. Me dijo que él creía que yo ya estaba residiendo en esa ciudad. Le dije que no, que más bien, Puebla era hermosa pero que no podría vivir allí. Me preguntó porque. No lo había pensado, dije. Tal vez no sea por la ciudad, argüí. Pero no sé decir porqué.
Allí también los amigos, la gente que ya no pude conocer y la familia con la que ya no pude estar durante todo este tiempo.
Pero no, no sé si volvería ahora. Seguramente no.
Y es que esa posibilidad se acabo en el momento de elegir. Porque la que era hace cinco años no es la misma que escribe ahora, y mucho de lo que soy y he aprendido ha visto la luz gracias a las experiencias que he tenido aquí.
Me aterra vivir en Puebla porque allí está el pasado. O lo que es peor, el olor del pasado. Me aterra pensar que estando en sus calles podría encontrarme con personas que en otro tiempo y otro espacio pudieron coincidir conmigo y ser, de alguna manera, trascendentales. Me aterra la sola idea de que un hombre pase de largo sin siquiera imaginar que pudo, en otro tiempo también, en ese espacio, ser mi acompañante en un concierto de Rachmaninov.
...y no he dejado de ser cursi.
Eso también me aterra.

I
II
Ayer, cuando salía del Diplomado, pasó otra vez. Directo al café, buscaba en mi camino también las galletas. Una señora me cedió su turno. Alzó la voz, dijo “qué frío” y se dirigió al azúcar. Le sonreí ligera y espere a que desocupara el vaso con los granos dulces. Intentó hacerme plática. Sonreí, sin que saliera palabra alguna. Dejó la cuchara en un vaso de cucharas; me decidí por tomar amargo el líquido caliente. Quiso encontrarme la mirada. “Con permiso, que pase buena noche” dije, y sonreí otra vez, pero seguramente no lo vio. Me alejé, con los tacones sonando en el piso.
También que hace falta mostrar un poco de interés, pero seguramente con mayor reslutado, un grado menos de indiferencia. Así, la gente empieza a hablar, cuenta historias, opina, se emociona, alza la voz...
La gente comienza a alargar la vista, a hacer contacto, a preguntar cosas de ti.
…y yo, que a la vuelta de la esquina (y por razones que no vienen al caso) he perdido la paciencia, y yo, con la mirada un tanto ausente he dicho en estos últimos días “no me esté chingando”, más en tono de súplica que de enojo...
IV
Y la gente se queda con las palabras en la boca y tal vez piensa en que hay mucho tráfico a esa hora, en cierta calle. Y la gente se resguarda de la lluvia, sin mirarse, y cuando están secos intentan desaparecer en las esquinas con el humo de los tamales.
Y la gente piensa en los uniformes de la escuela, en el parche y el zurcido. En la abuela dormida frente al televisor, en la cuenta del teléfono.
Y la gente tiene un turno extra en la madrugada, sirve hamburguesas, pierde un libro, rompe sus lentes, recibe una llamada, cruza los brazos, rechina sus dientes...
Y la gente finalmente calla.

Hoy leí en un post algo como “la mayoría de las personas escriben cosas tristes o utilizan el blog como un elemento catártico… esos textos me aburren”. Esta línea me dejo meditabunda un buen rato. Yo creo que “se vale pensar”. La realidad resulta a veces tan ajena que es necesario formularnos teorías, sacar conclusiones de los hechos y decir algo como “la vida es así” “puede ser de esta manera” o mejor dicho… “en mi experiencia tales circunstancias llevaron a esto”. Creo que por eso los libros son importantes, porque nos dicen siempre cosas sobre seres humanos que también experimentaron el estar en medio de este vértigo, de sus estados conscientes e inconscientes.(la ficción, con las “mentiras” dice muchas “verdades”) Creo también que por eso mismo hay que ser críticos, porque a pesar de que algunos de ellos muestren un virtuosismo desquiciante (si, a veces tango ingenio y tanta imaginación rayan en la locura) no están exentos de “fallos”, y siempre son susceptibles de encontrar en ellos, como en lo humano, imperfecciones. (Je, una belleza, ¿no?)
Alguna vez, el maestro Gonzalo Celorio, nos dijo en clases que podía entenderse porque los escritores hacían textos, pues eran algo así como fantasmas o preocupaciones que dejaban en la hoja en blanco para que desde ese momento ya no pertenecieran a quien sostenía la pluma, sino al mundo. Los lectores, decía medio en broma, son los verdaderos masoquistas, puesto que buscan leer esas preocupaciones.
Desde mi punto de vista gran parte del arte ha nacido en esos momentos “catárticos” donde el artista es eclipsado no por las “musas” sino por un sentimiento arrebatador que le reclama expresar ese “algo”. El arte, para mí y hasta este momento, ha sido la expectación de ese nacimiento.
Simone de Beauvoir dice en La mujer rota que “ La gente feliz no tiene historia, en el quiebre, en el desconsuelo, uno experimenta la necesidad de narrarse"
Claro, los blogs están pensados para hacer con ellos muchas cosas y no precisamente “posts artísticos” (y con toda la razón, no tiene porque ser así) Pero también creo que son medios de expresión en donde hay textos muy valiosos, que pueden o no ser desdeñables (la diversidad de criterios es una riqueza) pero que tienen por sí mismos no sólo una calidad literaria meritoria, sino un testimonio de experiencias que necesitan ser compartidas, aunque sean “tristes” o “catárticas”. Me gustaría decir que algunos posts son verdaderos mensajes en la botella, pero dada la creciente comunidad en internet y las redes de información que estos sitios webs proponen, a cada tripulante o espectador del mar, le llega un mensaje distinto... o mejor dicho, le llega un mar de mensajes.
Al parecer en el fondo de todas estas letras yace mi propia conciencia de que la mayoría de mis textos eran tristes o nostálgicos, y aunque disfruto mucho aquellos en que la vida ofrece anécdotas llenas de gracia y los que están cargados de una ironía deliciosa, en su momento sólo pude escribir así...
Nota: Mensaje para los navegantes que no tiran las letras llenas de polvo. Los que lo hacen... no llegaron al final del post.

