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La Sibila
Cuando todos se vayan a otros planetas
yo quedaré en la ciudad abandonada
bebiendo un último vaso de cerveza,
y luego volveré al pueblo donde siempre regreso
como el borracho a la taberna
y el niño a cabalgar
en el balancín roto.
Y en el pueblo no tendré nada que hacer,
sino echarme luciérnagas a los bolsillos
o caminar a orillas de rieles oxidados
o sentarme en el roído mostrador de un almacén
para hablar con antiguos compañeros de escuela.
Como una araña que recorre
los mismos hilos de su red
caminaré sin prisa por las calles
invadidas de malezas
mirando los palomares
que se vienen abajo,
hasta llegar a mi casa
donde me encerraré a escuchar
discos de un cantante de 1930
sin cuidarme jamás de mirar
los caminos infinitos
trazados por los cohetes en el espacio.
I
El mundo sigue creándonos. Es una labor continua: nosotros, al nombrarlo, le damos vida. Nosotros no creamos El Mundo, tal vez. Pero somos creadores de mundos.
De eso se trata.
***
I
Otras maneras de interpretar.
Preguntarle al texto.
Dejar que calle, darle tiempo.
Recorrerlo.
Recorrerlo de nuevo.
Preguntarle al texto.
III
Dejar que hable,
interpretarlo.
Asirlo,
saber que se irá otra vez,
y el silencio
detrás,
sobre las hojas,
traerá nuevos sentidos…
***
I
Preguntarle al texto.
Llamarlo desde otras ventanas,
Abiertas,
Porosas,
Sucias,
Ocres.
Preguntarle....
II
La relación del nombre con la cosa.
Del nombre con la vida.
Del nombre y el destino.
III
Dialogar con lo nombrado,
IV
Escuchar a la memoria
V
nombrar, por vez primera
como tantas veces.
VI
Crear un texto, también
también,
VII
Para crear un mundo.
A veces no sé bien a bien que es mío. Miro en retrospectiva y pienso que estoy aquí y no todo fue azar y circunstancias. Fue también voluntad y no decirlo me exime de alguna manera de la responsabilidad que las decisiones traen consigo. No hacer también es elegir.
No siempre escribo. De hecho esto del papel es también como un armisticio, una salida a los túneles de cristal. Un pacto más de paz para que las obsesiones no se queden en mi almohada dando vueltas y desfilen por lo menos en tarjetas, con el afán de darles forma.
No sé bien a bien que traje cargo. Que color de pelo va mejor con el día de hoy que está tan gris y casi llueve.
A veces me pasa que me miro entre los otros. Que me reconozco entre los otros y eso no siempre está tan chido. A veces me repugna eso que veo, porque lo veo, y no me gusta que me muestren tan de pronto, tan de cerca. Tan de mí.
[…a veces podía escribirte esto como ejercicio, podía utilizar de todo este bagaje las palabras para evocar cualquier cosa porque en este cuaderno todo era posibilidad de ser…y entre esas líneas estaba eso: deseo de ser, deseo de estar, deseo de ausentarse deseo de salir]
A veces me pesa el discurso que me enseñaron y con el que aprendí a verme y ver hacia los otros. A veces me cuesta moverme entre algunos de los discursos tan bien repetidos, elaborados, convincentes.
Y uno no puede andar por la vida sin punto de vista.
Y uno no puede hacer que se tambalee el narrador. Que flaquee.
[¿Y si, en realidad, todo esto fuera ficción y de verdad no fuera tan importante?]
A veces estoy parada en tierra firme.
[Y no sabes, tú no sabes que estoy tan bien ahora y que me muevo entre la gente y río y callo y delineo más los ojos y no tengo reparo en decir que estoy orgullosa y celebro la manera en que las cosas toman un lugar tan favorable, y están aquí…]
Y a veces se me van las cabras. Y a veces soy tan otra…
Y a veces es tan simple que las cosas no son tan enserio. Con un café, sobre la acera, y los automóviles perdidos en calles viejas y empedradas.
Y a veces lloro, lloro porque soy chillona.
Y a veces miro y sé que eso no es mío. Que fueron ustedes y los otros los que también dieron existencia.
Y entonces pienso en los reflectores. Y en las estrellas, y en las luces de neón.
***
Y a veces digo que verdaderamente esto no es tan importante.
Que no es para llorar, que no es decente.
Y porque la verdad, no es para tanto.
***
Estoy justo enfrente. Me convenzo de que es así. De que hay un aquí y un ahora, y que eso no significa olvidar la huella.
Soy yo, pero tampoco soy yo la que celebra.
Y estos días han sido tantos, y todo ha sucedido tan rápido. Y este traje se ha mojado y ahora caigo en que soy yo la espectadora. Porque al final estuvieron siempre los otros.
¿Cómo aceptar lo que viene sin pavonearse? ¿Cómo distinguir la farolez de la satisfacción?
***
A veces no sé bien a bien que es mío. Qué es mío, de los demás. Nuestro.
***
27 de septiembre.
Misma dirección [URL] Cambio de espacio. No sé cuánto dure la mudanza, pero estaremos otra vez por aquí.
Creo.

Hace poco, le confesaba a una amiga que no sabía a donde se había ido todo aquel año. Mas que recordarlo, tengo la sensación de que había una costra que quité y quité, y que me dejó la piel marcada hasta ahora. Ella me dijo más o menos algo como: “next” hay que darle la vuelta a la página. Ayer platiqué con Ap, una amiga muy querida, mucho, y me dijo que tanto ella como yo estábamos propensas a extrañar el pasado. ¿Pero que hay en el pasado que no haya en el presente que no podamos disfrutar más?
Ahora que lo pienso, tal vez sea miedo. Todos los miedos son subjetivos. Bueno no, cuando te pica una abeja y eres alérgico el miedo no es sujetivo, pero la mayoría de éstos si lo son. Y no se infiere de este enunciado que extrañamos el miedo, je. Más bien, o por lo menos en mi caso, me da miedo dar el paso ya con la experiencia…lanzarse al mar a disfrutar de lo que nos espera…y que trágicamente lo que nos espere sea bueno.
Sacar conclusiones me ha llevado muchos desvelos, pláticas, libros con los que no he podido más y he querido aventarlos porque muestran tanto de mí que me aterra. Un par de visitas al psicólogo para oírme a mí misma variar el discurso; salidas en estado etílico sin importar pasar por el callejón del
2007 suena lejano, pero me hizo aprender muchas cosas. Ahora me viene a la mente un post de Nat, en donde me nos dice que uno no puede escribir cuando recientemente ha tenido la experiencia. Se necesita tiempo. Tiempo.
Una de mis grandes lecciones: aprender a esperar. Oír a Sabina antes y después del 2007 es diferente. Leer a Bonifaz antes y después, también. Y lo maravilloso –ahora pienso- es que conforme pase el tiempo y me mude de esta casa o de la ciudad, y conozca a más personas y salga y ría y llore y vuelva enamorarme y a bailar en más cantinas y esperar en nuevos puertos…seguirá siendo diferente.
En ese momento pensaba en mi dolor, que, en realidad, no fue solo por un suceso. You know that I mean. Je, tal vez lo que provocó toda esa sarta de experiencias fue romper algo, pero eso a su vez me hizo ver más fisuras que, con otros ojos, habrían pasado desapercibidas.
Alguna vez, en algún cuaderno, apunté que en el 2007 debí haber estado aprendiendo idiomas, yendo a conferencias, leyendo los libros que ni ahora ni nunca más leeré… pero en lugar de eso me enojé y reconcilié con mi familia. Aprendí porque necesito alejarme y también porque a pesar de eso los traigo conmigo.
Aprendí también que quizá nunca voy a dejar de contradecirme, pero que, no por eso, voy a dejar de aspirar a la coherencia.
Aprendí que todo eso, hay que hacerlo en un mundo que es completamente absurdo y, tal vez por ello, es asombroso día con día [si no pregunten cuantas veces lo recoge a uno de la nada una patrulla y siguiendo las instrucciones de Nat los lleva a la puerta de su casa]
Aprendí a oír a Satie. A redactar en un diario electrónico. A confiar –otra vez- en ciertas cosas.
Escribí poemas (malos, buenos, melosos…de chile mole y de manteca) y participé en un recital. Conocí amigos que esperaban también un Turno. Y la posibilidad.
Y las múltiples cosas que no enumero…
La navidad del 2006 me pidieron hacer un brindis, y, como si fuera una especie de predestinación, sólo alcancé a balbucear: “Queremos muchas cosas, pero parte de la vida es aprender también que no todo lo que queremos, ocurre”
***
Fue el cumpleaños de Ap. Recordamos el tiempo en el que ella vivía también en este departamento, cuando ella se mudó y el semestre en el que yo la acompañaba en el cuarto donde rentó, muy lejos de aquí, y las múltiples peripecias que pasamos… en fin, reímos, porque después de todo ese tiempo, nos tocaba reír.
Tal vez sea este, por las circunstancias, el último cumpleaños. Pero no estoy triste. Muy por el contrario. Haga lo que haga –los planes a Canadá, los de regresar a su tierra- el tiempo juntas me ha servido para aprender muchísimo, y para compartir muchísimo también.
Dentro de poco, eso –esto- podrá llamarse pasado.
Pero darle vuelta a la página, en este caso, no significa dejar de querer.
***
La memoria también cura.
Y el movimiento, citando a Isteri, siempre se agradece.
Te quiero un montón chamaca, y nadie puede decirnos cuánto vale un año.
FELICIDADES
P.D. Dentro de pocos posts, desaparece
De vez en cuado, hay que dejar de hacer trampas para no ganar.
Lo que sigue.
P.D. Actualización de último minuto:IV
Una mujer y un hombre pueden, por ejemplo,
entrar en un hotel (ese templo escondido
que de sólo invocarlo se aparece)
y amarse a plena luz del día.
Pero una mujer y un hombre deben antes
entrar en un cine aunque jamás se enteren
de lo que ocurre en la pantallla
y él mire la pelusa de durazno en su mejilla
y ella le oprima el muslo cuando sienta miedo.
O una mujer y un hombre pueden
salir a caminar y que la mano de él parezca
prolongación de la cintura de ella
y que entonces sea mayor la cadencia
del camianr de la mujer,
porque a eso sólo se parece
un barco en altamar
algunos días de primavera.
O pagar el café ya frío cuando los ojos
y las manos han dicho sí mil veces.
Y ya sin tocarse, hacerse o decir nada,
una mujer y un hombre pueden, finalmente,
entrar en un hotel y darse el cuerpo
dejar abierta la ventana para dejar que pasen
la brisa caliente de los parques,
el oleaje de los que salen del cine,
el tintineo de cucharillas contra tazas,
la débil voz que va diciendo "así".
Vicente Quirarte


1
El juego de la realidad produce monstruos. Bueno, esa no es la famosa cita pero en eso pensé justo ahora. Y más bien, no es exactamente que la realidad los produzca. Es que en la realidad –lo que sea que eso sea- cabe toda posibilidad y ante eso tan inminente, lo razonable queda a veces –muchas veces- muy corto.
Entonces en la realidad lógico-ordenada (ideal, por supuesto) se producen alteraciones “monstruosas” fuera de los contextos “apropiados”.
Pero eso, desde otra lógica, es lo que debe pasar.
Lo contrario –pienso yo, humildemente- sí sería una aberración.
Me calmé. Me dio tanto gusto verla allí. Le dije, te mandé un mensaje. Me contestó que había olvidado el teléfono.
4
No mentía cuando le decía a un amigo- sí, el Juglar- que el mundo es absurdo. Completamente absurdo.
El me dijo que sí, que era absurdo; pero habitual.
Habíamos planeado comer juntas el fin de semana. Me dijo que lo arregló todo y hasta iría a ver
Hace algunas semanas recibí noticias suyas - no vi el mail el día que lo mando, estuve en trabajo de campo casi todo el mes – el asunto del correo decía, simple y llanamente: Espero que seas tú.
Pensé que se trataba de una broma, incluso pensé en que alguien más que supiera su nombre podría haberme mandado ese correo. Pero el contenido de éste refería algunas cosas que no me hicieron dudar.
Pues bien, había perdido su cuenta de e-mail y con ella todos sus contactos. También decía que dio conmigo al tratar de hallar un poema, vía internet, pero que no estaba segura de que mi correo siguiera siendo el mismo. El seguimiento, según me anunciarían las pláticas que tuvimos después, era bastante lógico.
En la primera de ellas, no reconocí su voz. El recuerdo era lejano y más bien lo que tenía muy presente era su imagen. Revisando en los álbumes di con una foto suya, estábamos en la biblioteca. Se puede notar, entre los libros regados en la mesa, el primer disco de Avril lavigne.
Su voz tenía más bien una mezcla de templanza pero sin un sesgo de descanso. Es una mujer hiperactiva y, cabe mencionar, se nota que está sumamente satisfecha con lo que hace.
Me preguntó, animadamente, que si ya había sacado un libro. Le dije que no, pero que tenía algunas publicaciones, recientemente una en una antología de
… y sí, han pasado.
No recuerdo como la conocí. Seguramente en algún concurso de esos que se hacen entre preparatorias, donde el espíritu estudiantil se une por la misma causa: ganar, y ganar por el nombre de una escuela. Era, eso si lo recuerdo bien, un as en matemáticas. Alguna vez que falló su compañero de equipo en el proyecto de la bobina de tesla, me ofrecí para ayudarla. Esa vez expusimos en
En esa feria compré un par de libros de Pessoa. No sé ahora donde están.
E-De verdad tengo muchas ganas de verte
Y-Si!!! Yo también, estoy emocionada.
E-Hay tantas cosas qué platicar
Y-Pues imagínate, “como han pasado los años”, jaja
E-Ah, tienes razón, ya se fueron como agua, la próxima semana cumplo cinco años aquí
Y-Sí, igual yo
E-Pero fue la mejor decisión que pudimos tomar
Y- (suspiro) para serte sincera, en ese tiempo no la consideraba con toda su magnitud, más bien todo era hermoso, vaya, hasta prepararse para el examen, viajar a Puebla para estudiar mientras los otros seguían en clases…sí, era una ilusión muy grande…
E-Si! Exactamente, estábamos muy ilusionadas
Y-Pero yo no tomé conciencia de lo que vendría, hasta mucho después
E-Vaya, mujer, estás donde tienes que estar, eso no lo dudes ni tantito!
Y- (otro suspiro) Sabes jugar cartas, ¿no?
E-Ehemm
Y-Bueno, pues, en
E-Ajá…
Y-La razón por la que vine a México, fue porque no tenía idea de las cartas, es decir, no las veía. Quedarme en Puebla era, de alguna manera, mucho más cómodo y seguro. Vamos, hasta mi lugar en la universidad estaba dado por hecho. Pero le aposté al juego de la mesa, y, tal vez, no porque fuera éste mejor que el otro. Le aposté porque simplemente no lo conocía…
***
El domingo vi al Juglar negro. Me había mandado información acerca de unos talleres en Puebla. También me pasó su tercer libro, Cuentomancia, que devoré en cuanto tuve en mis manos. Me dijo que él creía que yo ya estaba residiendo en esa ciudad. Le dije que no, que más bien, Puebla era hermosa pero que no podría vivir allí. Me preguntó porque. No lo había pensado, dije. Tal vez no sea por la ciudad, argüí. Pero no sé decir porqué.
Allí también los amigos, la gente que ya no pude conocer y la familia con la que ya no pude estar durante todo este tiempo.
Pero no, no sé si volvería ahora. Seguramente no.
Y es que esa posibilidad se acabo en el momento de elegir. Porque la que era hace cinco años no es la misma que escribe ahora, y mucho de lo que soy y he aprendido ha visto la luz gracias a las experiencias que he tenido aquí.
Me aterra vivir en Puebla porque allí está el pasado. O lo que es peor, el olor del pasado. Me aterra pensar que estando en sus calles podría encontrarme con personas que en otro tiempo y otro espacio pudieron coincidir conmigo y ser, de alguna manera, trascendentales. Me aterra la sola idea de que un hombre pase de largo sin siquiera imaginar que pudo, en otro tiempo también, en ese espacio, ser mi acompañante en un concierto de Rachmaninov.
...y no he dejado de ser cursi.
Eso también me aterra.
Cuando llegué a mi casa lo primero que quise fue darme un baño, por horas. Volver a ver el azulejo y sentir que eso era mío, que estaba allí y que a pesar de mis años mi madre iría a darme las buenas noches, y apagaria la luz. Cuando la vi, después de dos semanas de sólo hablar por teléfono y mandar mensajes cuya respuesta llegaba, a veces, tres días después al pasar junto algún poste de luz que inexplicablemente atraía la recepción, cuando la vi, pues, espere. No la abracé. Más bien estaba preocupada por las cosas que faltaban por acomodar. Salí con la toalla de baño. No cabía en la maleta. Mi padre la puso en el carro. Después, todos nos despedimos. Y yo los abracé. Quería darle besos a todos, decir que algún martes de lluvia me imaginé la mañana en Macondo y que extrañaría jugar avión con la china; o que las tardes su madre hiciera chicharrines y que me explicaran como se cocinaba algún mole... o que me enseñaran a comer guajes. Mientras estuve allí hice una gelatina, con brandy. Le conté a la señora que en mis viajes a Huatla el doctor me había invitado un par de cervezas. Y pensaba en los perros en el precipicio. Y los ojos de la doctora. Y Rulfo... Y un taxista que me pidió ser su amiga... y en la siguiente madrugada tuvo un accidente, de regreso a su casa. *** En David, que tuvo los huevos para decirme las cosas. A R, con sus ojos bajos, a las dos de la mañana, sentados en la orilla de la carretera. En las formas de las nubes, en los murmullos que oí enmedio del campo y la madrugada a los que grite, sin respuesta. De la serpiente que casi piso en la barranca. De la serpiente junto a mi cuarto. En el perro que me convertí un día, arrinconada, para no pensar en los trastes venturosos y en que la vida es sencilla y uno no debe llorar frente a la gente. En el ardor de ciertos dias. En la modesta felicidad de otros. En las piedras que me faltaron recoger... |
Ayer regresé de Hidalgo. Mientras bajábamos en la carretera, rumbo al valle de Meztitlán, me vino a la mente una frase que oí hace ya bastante tiempo “Alguien dijo que me vine a perder entre la niebla”
Me gusta la lluvia. También me gusta ver a las nubes, tan pesadas de agua, bajar entre los cerros. Hace poco le dije a L que en realidad no eran de mi predilección los días nublados, que de verdad influían en mi estado de ánimo. Pero ahora creo que no me gustan los días nublados justo aquí, entre el pavimento y el humo.
Me fue bien.
En varias ocasiones me desaparecí para dormitar un poco o leer calmadamente. Sigue siendo la misma casa pero ya cada quien tiene ocupaciones distintas, y está más sola. Bueno, no tanto. Del primo de diecisiete años para abajo los demás son pirinolitas que cuando crezcan serán un reverendo desmadre. Y, aunque no todos viven allí, ese es el punto de reunión por mi abuela. La casa está llena, ciertamente. Pero no de nosotros, más.
***
Entre las múltiples anécdotas que se cuentan de cuando mis padres se casaron –lo hicieron allá- hay una que me causa mucha gracia y ternura. Un tío mío, de esos tan característicos que se suben a los árboles o gritan qué si allí vive el güero más güero de la región…un tío mío, pues, ya estaba medio entrado en copas. Y en la comida le tocó sentarse junto a mi abuela. Al verla, sin mayor preámbulo y sin esperar a las presentaciones, agarró su cara y le dijo, mirándola a los ojos: Pero que bonita es, ¡Si parece usted un angelito!
Mi abuela es blanca, de ojos azules y boca pequeña. Muy reservada. Podría decir que estoica. Cuando yo tenía como dieciséis o diecisiete años, no sé, iba en la prepa, no pude evitar recordarla al leer Cien años de soledad. En ese tiempo hasta me sentí un poco culpable por hacer analogías con Úrsula Iguarán. Pero en ese tiempo también me sorprendía de que los escritores retrataran detalles que yo no percibía de la vida cotidiana. Y decía “hablan de la vida, caray”...
También por esos tiempos yo quería ser como Elena Poniatowska. Chale.
***
Cuando fui a Molca, recordé mucho la tierra de mi papá. Como, cuando éramos pequeños, pasábamos el arroyo, el agua fría…
Durante el trayecto de ida, no pudimos dormir. Yo no soy de las chicas nueva generación que cargan un Ipod. El CD del carro de mi padre está averiado, y empieza a fallar la señal de radio en cuanto uno se acerca a los montes. Entonces, la mayor parte del trayecto, fuimos platicando. Descubrí que mi padre es un buen narrador. A una pregunta sencilla como ¿Cómo fue que decidiste estudiar lo que estudiaste? Me contó, bueno, nos contó, alrededor de seis historias distintas. Todas relacionadas en algún momento con la narración central. Me hizo imaginar
Pero ahora, a diferencia de antes, tengo más experiencias en la bolsa. No sé bien que signifique eso, pero creo que la música vuelve a recordarme algo que ya me había enseñado: a combinar las pausas y silencios...
Veremos que sale de esta historia.
En realidad me fue muy bien.


Hace mucho tiempo no me pasaba.
La primera vez fue cuando descubrí que el aroma y el sabor de un té traía consigo las tardes en Jiliapa, los inviernos donde hacía mucho frío. Allá se toma mucho té, más que agua. No recuerdo como se llama la hierba con la que hice la infusión, pero cuando la compré estaba segura de que calmaría los nervios de los exámenes finales.
Y lo hizo.
***
Hoy, hoy me volvió a pasar. Vi duraznos, pero no de esos rojos casi encerados que venden en el super.
Vi duraznos criollos. Y probé uno. Y entonces el árbol de Jiliapa tomó vida de nuevo y mis primos y el arroyo y hasta los higos verdes con su escarcha blanca se amontonaron en mi boca de nuevo…
Hoy comí un durazno,
Y fui feliz.
CUENTO SOBRE LAS MUJERES VIEJAS
Me gustan las mujeres viejas
las mujeres feas
las malas mujeres
Son la sal de la tierra
No sienten aversión
por la basura humana
Conocen la otra cara
de una medalla
del amor
de la fe
Los dictadores bufonean
vienen y vantienen las manos manchadas
con sangre de seres humanos
Las mujeres viejas se levantan al alba
compran carne fruta pan
limpian cocinan
permanecen en la calle con los brazos
cruzados
callan
Las mujeres viejas
son inmortales
Hamlet se agita en la red
Fausto hace un papel vil y ridículo
Raskólnikov golpea con un hacha
Las mujeres viejas son
indestructibles
sonríen con indulgencia
Dios muere
las mujeres viejas se levantan como cada día
al alba compran pan vino pescado
muere la civilización
las mujeres viejas se levantan al alba
abren las ventanas
quitan la suciedad
muere un hombre
las mujeres viejas
lavan los restos
entierran a los muertos
plantan flores en las tumbas
Me gustan las mujeres viejas
las mujeres feas
las malas mujeres
Creen en la vida eterna
son la sal de la tierra
la corteza de un árbol
son los ojos sumisos de los animales
Ven en su justa medida
la cobardía y el heroísmo
la grandeza y la insignificancia
como las exigencias
de un día cotidiano
sus hijos descubren América
caen en las Termópilas
mueren en las cruces
conquistan el cosmos
Las mujeres viejas salen al alba
a la ciudad compran leche pan
carne condimentan la sopa
abren las ventanas
Sólo los idiotas seríen
de las mujeres viejas
de las mujeres feas
de las malas mujeres
Porque son mujeres bellas
mujeres buenas
mujeres viejas
son un huevo
son un secreto
sin secretos
son una bola que rueda
Las mujeres viejas son momias
de los gatos sagrados
son pequeños marchitos
secos
manantiales frutos
o grasientos
budas ovales
Cuando mueren
brota del ojo
una lágrima
y se une en la boca
con la sonrisa
de una mujer joven
1963
TADEUSZ RÓZEWICZ
[Nota: imagen de Sebastiao Salgado]
Llueve.
No tengo teléfono en casa, a unas cuadras la lluvia y la tarjeta mojada dentro de la cabina. Una lada que saldrá en cuatro pesos el minuto. Mi computadora en la mochila, pienso en encargársela al chico de la tienda, pero el teléfono ya está marcando. Contestan, es su hermano, lo llama.
Oigo que antes de hablar por la bocina, carraspea. Sabe que soy yo, piensa que estoy allí, a pocos pasos, y que le preguntaré a que hora nos veremos. Exclama ¿cómo estás? Contesto que debajo de la lluvia, y entonces cambia su tono de voz: “eso quiere decir que estás lejos”
[¿Por qué te fuiste lejos?]
Lejos, pienso, y entonces me salen las palabras y me tiembla la voz: tuve una emergencia… quería, de verdad quería verte.
No miento, en esto último no miento. Te llevaba una película, exclamo, X, ¿ya la viste? No la veas, te la llevo.
No te preocupes, estamos a merced de la causalidad… murmura.
... de verdad, estaba emocionada. Quería verte.
Yo también, responde.
Y le cuento, como Alonso me contaba, una historia extraordinaria…
***
No volveremos a vernos, lo sé, en varios meses.
***
Y llueve.
Llueve.
Como para salir a enchubascarse
…aunque haya parado, maldita sea, de llover.

Desde el fin de semana pasado, en el fregadero de la cocina hay una taza. De un tiempo para acá, no importa cuanto pase, nadie, de las cuatro chicas que vivimos en este departamento, nadie hace más de lo necesario para la casa y eso quiere decir ni un traste más, ni uno menos, que le toque a lavar a cada quien (y cosas por el estilo)... ya no me desgasto en discusiones...esto de las tolerancias es complejo.
Le regalé a Du un pez. Ella-aunque no lo recuerde- me dijo, desde antes de su cumpleaños, que deseaba un pez. Tiene meses que fue su cumpleaños; pero no importa. Quedamos de vernos para desayunar, junto con la mija. Yo no traía ligas para amarrar la bolsa así que se lo llevé en una pecera esférica, con una planta y grava luminosa. Du ahora está muy contenta, y me habla para preguntar cuantas veces al día come, si le puede dar pan árabe en lugar de tortilla (por un equívoco olvidé su alimento en mi casa) y si podemos vernos porque no quiere que muera de hambre. Yo le dije que esos animalitos aguantaban mucho, que en el taxi venía muy estresado y casi se suicida pero con la vibra que se siente en su nueva casa-que es la de Du- estará muy bien. Ella asiente-imagino-al otro lado del teléfono.
***
Fui a preguntar sobre unos cursos de inglés en E.U. A. Meses (no muchos, tal vez dos) atrás había ido pero por tal o cual circunstancia no había encontrado informes al respecto. Estaba cerrado, o no llegaba la secretaria (claro, dejó sus cosas, se salió y cuarenta minutos después yo seguía esperando) o simplemente estaba pero me decía “vea la página de internet, allí viene todo” (¿No se le habrá ocurrido que si vengo a pedir informes es porque o en la página no vienen las especificaciones o NO TIENE PÁGINA DE INTERNET la convocatoria?). Ese día le mostré la puerta donde estaba pegada la información. Y le dije “No hay ninguna dirección, ve? (ni si quiera se espero a que le dijera que curso era) me dijo entonces “pues tendrá que hablar con la doctora” le pregunte, todavía en tono cortés “¿A qué hora puedo encontrarla? A lo que respondió “Pues no sé, luego sale, está aquí un rato pero sale, es una persona ocupada” Bueno, dije, hágame una cita. Y rebatió “eso no asegura nada, a veces queda pero le salen otras cosas, no llega. Por eso no hacemos citas”
Pedí el teléfono. Estuve a punto de azotar la puerta.
Hoy que vi a la doctora me dijo que el plazo había vencido el último día de abril. Pensé en voz alta “Bueno, vine un par de veces y no la encontré” y ella muy a la defensiva me respondió “Bueno, si no metió papeles no es mi culpa, siempre estoy aquí, cuando salgo de clases vengo para acá” y remató "Y si no estoy yo, está mi secretaria"
Su secretaria es bipolar, pensé.
***
Esa vez no quise tomar taxi para mi consulta. Me iba a ir caminando después de sacar la basura y de mostrar lo insoportable que me resulta a veces el muégano que tengo por vecino. Pues me iba a ir caminando a mi consulta y se soltó un chubasco. Y una granizada. El taxi no me dejó completamente a donde iba, pero me cobró dos pesos.
***
En el curso de
***
Vi, mientras leía en el Parque México, a un hombre, atractivo, con su perro. Me dirigió también varias miradas. Es en este momento, pensé, en el que en las películas el perro viene y el hombre dice, oh, espero no te moleste y yo digo oh no, ¿cómo se llama?.. y fue en ese momento, en el que, en mi vida, yo bajo la mirada, pongo pose de mamona (o de gazapo) y el hombre simplemente desaparece…
***
Iba a acabar el post con la frase “… y la taza sigue allí” pero, la verdad es que no es cierto. Fui a preparar algo de cenar y, mientras limpiaba la cocina, puse el soundtrack de Juno...y la lavé.
***
No sé si han sido días más extraños, o, simplemente, les he puesto más atención…
P.D. Hago pública tu felicitación, Anuar. Tal vez esto parece final de postal de segundaria, pero a veces, simplemente, hay que dejar de hacer el ocho en la jaula del tigre y decir las palabras: gracias, de verdad gracias, por ser tan chido. Te quiero mucho…y felicidades, y felicidades más.