Nos mudamos de planeta





Píshele a la imagen y entérese...

O píshele a los links, pa la nostalgia

La Sibila






La música, viene...



Cuado todos se vayan


Cuando todos se vayan a otros planetas
yo quedaré en la ciudad abandonada
bebiendo un último vaso de cerveza,
y luego volveré al pueblo donde siempre regreso
como el borracho a la taberna
y el niño a cabalgar
en el balancín roto.
Y en el pueblo no tendré nada que hacer,
sino echarme luciérnagas a los bolsillos
o caminar a orillas de rieles oxidados
o sentarme en el roído mostrador de un almacén
para hablar con antiguos compañeros de escuela.

Como una araña que recorre
los mismos hilos de su red
caminaré sin prisa por las calles
invadidas de malezas
mirando los palomares
que se vienen abajo,
hasta llegar a mi casa
donde me encerraré a escuchar
discos de un cantante de 1930
sin cuidarme jamás de mirar
los caminos infinitos
trazados por los cohetes en el espacio.

Jorge Teillier

1












2

I

El mundo sigue creándonos. Es una labor continua: nosotros, al nombrarlo, le damos vida. Nosotros no creamos El Mundo, tal vez. Pero somos creadores de mundos.

De eso se trata.

II

Nosotros, también, nos recreamos en el mundo. En los mundos posibles.

Y eso es bueno.

***

I

El texto como el cuerpo.

La escritura como un cuerpo hecho de lenguajes.

La lectura que seduce y penetra en el cuerpo; la relación con la lectura como experiencia que trasciende el pensamiento y se manifiesta también fisicamente.

Otras maneras de interpretar.


II

Preguntarle al texto.

Dejar que calle, darle tiempo.

Recorrerlo.

Recorrerlo de nuevo.

Preguntarle al texto.

III

Dejar que hable,

interpretarlo.

Asirlo,

saber que se irá otra vez,

y el silencio

detrás,

sobre las hojas,

traerá nuevos sentidos…

***

I


Preguntarle al texto.

Llamarlo desde otras ventanas,

Abiertas,

Porosas,

Sucias,

Ocres.

Preguntarle....

II

La relación del nombre con la cosa.

Del nombre con la vida.

Del nombre y el destino.

III

Dialogar con lo nombrado,

IV


Escuchar a la memoria

V

nombrar, por vez primera

como tantas veces.

VI

Crear un texto, también

también,

VII

Para crear un mundo.


3



A veces no sé bien a bien que es mío. Miro en retrospectiva y pienso que estoy aquí y no todo fue azar y circunstancias. Fue también voluntad y no decirlo me exime de alguna manera de la responsabilidad que las decisiones traen consigo. No hacer también es elegir.

No siempre escribo. De hecho esto del papel es también como un armisticio, una salida a los túneles de cristal. Un pacto más de paz para que las obsesiones no se queden en mi almohada dando vueltas y desfilen por lo menos en tarjetas, con el afán de darles forma.

No sé bien a bien que traje cargo. Que color de pelo va mejor con el día de hoy que está tan gris y casi llueve.

A veces me pasa que me miro entre los otros. Que me reconozco entre los otros y eso no siempre está tan chido. A veces me repugna eso que veo, porque lo veo, y no me gusta que me muestren tan de pronto, tan de cerca. Tan de mí.

[…a veces podía escribirte esto como ejercicio, podía utilizar de todo este bagaje las palabras para evocar cualquier cosa porque en este cuaderno todo era posibilidad de ser…y entre esas líneas estaba eso: deseo de ser, deseo de estar, deseo de ausentarse deseo de salir]

A veces me pesa el discurso que me enseñaron y con el que aprendí a verme y ver hacia los otros. A veces me cuesta moverme entre algunos de los discursos tan bien repetidos, elaborados, convincentes.

Y uno no puede andar por la vida sin punto de vista.

Y uno no puede hacer que se tambalee el narrador. Que flaquee.

[¿Y si, en realidad, todo esto fuera ficción y de verdad no fuera tan importante?]

A veces estoy parada en tierra firme.

[Y no sabes, tú no sabes que estoy tan bien ahora y que me muevo entre la gente y río y callo y delineo más los ojos y no tengo reparo en decir que estoy orgullosa y celebro la manera en que las cosas toman un lugar tan favorable, y están aquí…]

Y a veces se me van las cabras. Y a veces soy tan otra…

Y a veces es tan simple que las cosas no son tan enserio. Con un café, sobre la acera, y los automóviles perdidos en calles viejas y empedradas.

Y a veces lloro, lloro porque soy chillona.

Y a veces miro y sé que eso no es mío. Que fueron ustedes y los otros los que también dieron existencia.

Y entonces pienso en los reflectores. Y en las estrellas, y en las luces de neón.

***

Y a veces digo que verdaderamente esto no es tan importante.

Que no es para llorar, que no es decente.

Y porque la verdad, no es para tanto.

***

Estoy justo enfrente. Me convenzo de que es así. De que hay un aquí y un ahora, y que eso no significa olvidar la huella.


Soy yo, pero tampoco soy yo la que celebra.


Y estos días han sido tantos, y todo ha sucedido tan rápido. Y este traje se ha mojado y ahora caigo en que soy yo la espectadora. Porque al final estuvieron siempre los otros.

¿Cómo aceptar lo que viene sin pavonearse? ¿Cómo distinguir la farolez de la satisfacción?

***

A veces no sé bien a bien que es mío. Qué es mío, de los demás. Nuestro.


***

27 de septiembre.

Misma dirección [URL] Cambio de espacio. No sé cuánto dure la mudanza, pero estaremos otra vez por aquí.

Creo.

2007. Trampas para no ganar


Hace poco, le confesaba a una amiga que no sabía a donde se había ido todo aquel año. Mas que recordarlo, tengo la sensación de que había una costra que quité y quité, y que me dejó la piel marcada hasta ahora. Ella me dijo más o menos algo como: “next” hay que darle la vuelta a la página. Ayer platiqué con Ap, una amiga muy querida, mucho, y me dijo que tanto ella como yo estábamos propensas a extrañar el pasado. ¿Pero que hay en el pasado que no haya en el presente que no podamos disfrutar más?

Ahora que lo pienso, tal vez sea miedo. Todos los miedos son subjetivos. Bueno no, cuando te pica una abeja y eres alérgico el miedo no es sujetivo, pero la mayoría de éstos si lo son. Y no se infiere de este enunciado que extrañamos el miedo, je. Más bien, o por lo menos en mi caso, me da miedo dar el paso ya con la experiencia…lanzarse al mar a disfrutar de lo que nos espera…y que trágicamente lo que nos espere sea bueno.

Sacar conclusiones me ha llevado muchos desvelos, pláticas, libros con los que no he podido más y he querido aventarlos porque muestran tanto de mí que me aterra. Un par de visitas al psicólogo para oírme a mí misma variar el discurso; salidas en estado etílico sin importar pasar por el callejón del 56 a las dos o tres de la mañana. Y un día, cuando por fin me sentí con ánimos, y un día en el que por fin dije: ya logré asir esta parte de la vida… un profesor me dijo que concluyera cuando tuviera sesenta años, que estaba muy chica para sacar las grandes conclusiones. Y tal tez, y sólo tal vez, tenga razón.

2007 suena lejano, pero me hizo aprender muchas cosas. Ahora me viene a la mente un post de Nat, en donde me nos dice que uno no puede escribir cuando recientemente ha tenido la experiencia. Se necesita tiempo. Tiempo.

Una de mis grandes lecciones: aprender a esperar. Oír a Sabina antes y después del 2007 es diferente. Leer a Bonifaz antes y después, también. Y lo maravilloso –ahora pienso- es que conforme pase el tiempo y me mude de esta casa o de la ciudad, y conozca a más personas y salga y ría y llore y vuelva enamorarme y a bailar en más cantinas y esperar en nuevos puertos…seguirá siendo diferente.

En ese momento pensaba en mi dolor, que, en realidad, no fue solo por un suceso. You know that I mean. Je, tal vez lo que provocó toda esa sarta de experiencias fue romper algo, pero eso a su vez me hizo ver más fisuras que, con otros ojos, habrían pasado desapercibidas.

Alguna vez, en algún cuaderno, apunté que en el 2007 debí haber estado aprendiendo idiomas, yendo a conferencias, leyendo los libros que ni ahora ni nunca más leeré… pero en lugar de eso me enojé y reconcilié con mi familia. Aprendí porque necesito alejarme y también porque a pesar de eso los traigo conmigo.

Aprendí también que quizá nunca voy a dejar de contradecirme, pero que, no por eso, voy a dejar de aspirar a la coherencia.

Aprendí que todo eso, hay que hacerlo en un mundo que es completamente absurdo y, tal vez por ello, es asombroso día con día [si no pregunten cuantas veces lo recoge a uno de la nada una patrulla y siguiendo las instrucciones de Nat los lleva a la puerta de su casa]

Aprendí a oír a Satie. A redactar en un diario electrónico. A confiar –otra vez- en ciertas cosas.

Escribí poemas (malos, buenos, melosos…de chile mole y de manteca) y participé en un recital. Conocí amigos que esperaban también un Turno. Y la posibilidad.

Y las múltiples cosas que no enumero…

La navidad del 2006 me pidieron hacer un brindis, y, como si fuera una especie de predestinación, sólo alcancé a balbucear: “Queremos muchas cosas, pero parte de la vida es aprender también que no todo lo que queremos, ocurre”

***

Fue el cumpleaños de Ap. Recordamos el tiempo en el que ella vivía también en este departamento, cuando ella se mudó y el semestre en el que yo la acompañaba en el cuarto donde rentó, muy lejos de aquí, y las múltiples peripecias que pasamos… en fin, reímos, porque después de todo ese tiempo, nos tocaba reír.

Tal vez sea este, por las circunstancias, el último cumpleaños. Pero no estoy triste. Muy por el contrario. Haga lo que haga –los planes a Canadá, los de regresar a su tierra- el tiempo juntas me ha servido para aprender muchísimo, y para compartir muchísimo también.

Dentro de poco, eso –esto- podrá llamarse pasado.

Pero darle vuelta a la página, en este caso, no significa dejar de querer.

***

La memoria también cura.

Y el movimiento, citando a Isteri, siempre se agradece.

Te quiero un montón chamaca, y nadie puede decirnos cuánto vale un año.

FELICIDADES

P.D. Dentro de pocos posts, desaparece la Nostálgica Anónima o la Anónima Nostálgica. Sigue el blog, y probablemente la miel y el azúcar en las letras. Pero ya viví y reviví mi nostalgia…

De vez en cuado, hay que dejar de hacer trampas para no ganar.

Lo que sigue.

P.D. Actualización de último minuto:
A huevooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo! nos vamos a Veracrú shicos!!!!

Una mujer y un hombre



IV

Una mujer y un hombre pueden, por ejemplo,

entrar en un hotel (ese templo escondido

que de sólo invocarlo se aparece)

y amarse a plena luz del día.

Pero una mujer y un hombre deben antes

entrar en un cine aunque jamás se enteren

de lo que ocurre en la pantallla

y él mire la pelusa de durazno en su mejilla

y ella le oprima el muslo cuando sienta miedo.

O una mujer y un hombre pueden

salir a caminar y que la mano de él parezca

prolongación de la cintura de ella

y que entonces sea mayor la cadencia

del camianr de la mujer,

porque a eso sólo se parece

un barco en altamar

algunos días de primavera.

O pagar el café ya frío cuando los ojos

y las manos han dicho sí mil veces.

Y ya sin tocarse, hacerse o decir nada,

una mujer y un hombre pueden, finalmente,

entrar en un hotel y darse el cuerpo

dejar abierta la ventana para dejar que pasen

la brisa caliente de los parques,

el oleaje de los que salen del cine,

el tintineo de cucharillas contra tazas,

la débil voz que va diciendo "así".


Vicente Quirarte


Nota [Imagen de René Magritte]

Cavilar, cavilar


Hoy concluí: todavía no estoy para concluir grandes cosas.

Tlara lá. Tlara lá.


Más allá de media cancha


Y al final, tal vez, como dice Posada, quedo siempre mirando a la portería.


***
El juego no termina hasta que termina, dije alguna vez, en otro tiempo, y esa vez hubo un remate de miradas. Y es que a veces el balón está tan cerca, la seducción es tanta, que digo sí claro que sí y el ruedo ya no es ruedo sino un campo de batalla. Puedo oir los gritos en la tribuna, oler el sudor que aparece dentro de mí porque no estoy sentada en la banca. Porque después de todo-y a pesar de todo- no me gusta estar sentada.

Y después el pasto verde, los golpes, el eterno azar que favorece el roce entre las piernas, el balón conquistado y la agitación extrema. Y después los vituperios, el silencio de la mente y el temible latido, el momento que congela y se congela.


Y después de eso, nada.

Y después de eso, nada.

Y después de eso incluso, no es el pase al compañero,
que anota o falla, eso carece de importancia.

***

El balón se ha ido,
sigue su curso...


***

Lo tenía.

Lo tenía...

¿Lo tenía?

PERCEPTIONS


1

El juego de la realidad produce monstruos. Bueno, esa no es la famosa cita pero en eso pensé justo ahora. Y más bien, no es exactamente que la realidad los produzca. Es que en la realidad –lo que sea que eso sea- cabe toda posibilidad y ante eso tan inminente, lo razonable queda a veces –muchas veces- muy corto.

Entonces en la realidad lógico-ordenada (ideal, por supuesto) se producen alteraciones “monstruosas” fuera de los contextos “apropiados”.


Pero eso, desde otra lógica, es lo que debe pasar.


Lo contrario –pienso yo, humildemente- sí sería una aberración.

2

Hay veces en las que los sentidos nos ponen tretas. Y ante la percepción inmediata uno se detiene y saca conclusiones; apelando a la lógica más fundamental, a lo que debe ser según los razonamientos adquiridos, ya entrenados.

Pero a veces, algo escapa.

Pero a veces, algo no es así.

3

Una vez, en aquellas épocas ya lejanas de exámenes finales, me ofrecí para llevar el trabajo de una amiga a un instituto. Dicho sea de paso, yo iba a sacar unos libros por allá. Entonces quedé de ir a su casa por las cuartillas y de allí tomaría el pumita y así todos seríamos felices.

Como lo habíamos acordado la noche anterior, llegue alrededor de las ocho y media de la mañana.

Pues toqué el timbre de su apartamento –de cuyo número, dicho sea de paso también, no puedo acordarme, a pesar de los tres años que llevo visitándolo- y nada. Esperé un poco y dije, vaya, estará en su recámara y no oye el timbre. Esperé un poco más y dije, bueno, aunque sea movistar, le llamo – yo no soy telcel, sí, tengo telcel pero no soy telcel. ¿Uno puede SER de alguna compañía? Eso también me aterra- en fin, por eso de los cobros le mandé primero un mensaje. Nada. Dije, bueno, bueno, le marco. El teléfono sonó, lo oí sonar, estaba justo en el comedor, que está muy cerca de la puerta de la entrada principal, en la que yo esperaba. Apareció un “desvío de llamada” entonces dije bueno, esa niña está allí y no me quiere abrir o qué. Entonces esperé un poco, un poquito nomás. Y la computadora hizo el sonido que hacen las computadoras cuando alguien se conecta al msn y entonces yo dije: ¡es el colmo! está justo allí – o alguna de sus roomies está justo allí -con la computadora platicando y no me quieren abrir!

Bajé las escaleras, ciertamente, apresurada y muy molesta. Rabiando me dije que no importaba que pasaría, yo no llamaría hasta que ella diera señales de vida y ofreciera una explicación razonable para tenerme allí esperando tanto tiempo estando ella al otro lado de la puerta.

Creo que hasta tenía ganas de llorar.

El punto es que bajé las escaleras y salí del edificio. Mientras pasaban los estudiantes con batas blancas y sus tortas de tamal, oí una voz que me decía ¡hey mija! ¿ya subiste? A y yo bajamos a comprar una torta porque no aguantábamos el hambre, estuvimos trabajando en la madrugada.

Me calmé. Me dio tanto gusto verla allí. Le dije, te mandé un mensaje. Me contestó que había olvidado el teléfono.

Cuando llegué a su casa vi que también habían dejado las computadoras encendidas. Me invitaron de su desayuno y creo que tomé un té antes de irme. Vio todas las llamadas perdidas en su celular. Se disculpó.

Después del instituto regresé a su casa y pasamos el día estudiando. No mencioné las conclusiones a las que había llegado antes de verla. En el justo momento en que las hice me parecieron las más verosímiles. Me pareció hasta absurdo que, precisamente a la hora señalada con la computadora prendida y oyendo el número de celular, no estuviera allí, en su casa.

Vaya, pero esas fueron mis conclusiones. Y a lo mejor desde mi circunstancia me he predispuesto a pensar de una determinada manera.

Pero siempre hay más posibilidades a lo que uno ve y juzga, de determinado hecho.


4


No mentía cuando le decía a un amigo- sí, el Juglar- que el mundo es absurdo. Completamente absurdo.

El me dijo que sí, que era absurdo; pero habitual.


De un encuentro. De las cosas que me aterran

Habíamos planeado comer juntas el fin de semana. Me dijo que lo arregló todo y hasta iría a ver la Bella y la Bestia para aprovechar que se quedaba el viernes. Tuve que cancelar y pedir prórroga. Este fin de semana llega un primo de Canadá y la familia ira en caravana a Veracruz. No tengo la más remota idea de la relación que hay entre el primo Luis, el Puerto jarocho y el mar, pero así me lo informaron. Cuando se lo dije a ella, lejos de bajar el tono –o subirlo- me dijo que me la pasara muy bien y que practicara mi inglés, que buena falta me hace. Estuvimos platicando alrededor de tres horas. Llevamos un par de días así.

Hace algunas semanas recibí noticias suyas - no vi el mail el día que lo mando, estuve en trabajo de campo casi todo el mes – el asunto del correo decía, simple y llanamente: Espero que seas tú.

Pensé que se trataba de una broma, incluso pensé en que alguien más que supiera su nombre podría haberme mandado ese correo. Pero el contenido de éste refería algunas cosas que no me hicieron dudar.

Pues bien, había perdido su cuenta de e-mail y con ella todos sus contactos. También decía que dio conmigo al tratar de hallar un poema, vía internet, pero que no estaba segura de que mi correo siguiera siendo el mismo. El seguimiento, según me anunciarían las pláticas que tuvimos después, era bastante lógico.

En la primera de ellas, no reconocí su voz. El recuerdo era lejano y más bien lo que tenía muy presente era su imagen. Revisando en los álbumes di con una foto suya, estábamos en la biblioteca. Se puede notar, entre los libros regados en la mesa, el primer disco de Avril lavigne.

Su voz tenía más bien una mezcla de templanza pero sin un sesgo de descanso. Es una mujer hiperactiva y, cabe mencionar, se nota que está sumamente satisfecha con lo que hace.

Me preguntó, animadamente, que si ya había sacado un libro. Le dije que no, pero que tenía algunas publicaciones, recientemente una en una antología de la UNAM. Se alegró. Me dijo que lo último que leyó de mí le recordaba a la prosa de Márquez. Se hizo el silencio y yo, del otro lado de la bocina, me reí. Te voy a llevar un disco con algunos de mis cuentos, concluí después de la sugerente apreciación; también algunos poemas, pero estos no míos, aclaré, mejor de maestros como Bonifaz. Perfecto, asintió. No lo conozco pero confío mucho en ti. Tenemos muchas pláticas pendientes, dijo. Han pasado cinco años…


… y sí, han pasado.

No recuerdo como la conocí. Seguramente en algún concurso de esos que se hacen entre preparatorias, donde el espíritu estudiantil se une por la misma causa: ganar, y ganar por el nombre de una escuela. Era, eso si lo recuerdo bien, un as en matemáticas. Alguna vez que falló su compañero de equipo en el proyecto de la bobina de tesla, me ofrecí para ayudarla. Esa vez expusimos en la Feria de Puebla, y dos que tres preguntas sobre la electrónica me tuve que aventar. Fue divertido. Cansado, pero divertido.

En esa feria compré un par de libros de Pessoa. No sé ahora donde están.


Y= yo E= ella


E-De verdad tengo muchas ganas de verte

Y-Si!!! Yo también, estoy emocionada.

E-Hay tantas cosas qué platicar

Y-Pues imagínate, “como han pasado los años”, jaja

E-Ah, tienes razón, ya se fueron como agua, la próxima semana cumplo cinco años aquí

Y-Sí, igual yo

E-Pero fue la mejor decisión que pudimos tomar

Y- (suspiro) para serte sincera, en ese tiempo no la consideraba con toda su magnitud, más bien todo era hermoso, vaya, hasta prepararse para el examen, viajar a Puebla para estudiar mientras los otros seguían en clases…sí, era una ilusión muy grande…

E-Si! Exactamente, estábamos muy ilusionadas

Y-Pero yo no tomé conciencia de lo que vendría, hasta mucho después

E-Vaya, mujer, estás donde tienes que estar, eso no lo dudes ni tantito!

Y- (otro suspiro) Sabes jugar cartas, ¿no?

E-Ehemm

Y-Bueno, pues, en la Viuda negra o en el Poker, a cada quien le dan una serie de cartas –cinco- y hay un juego en la mesa, que nadie ve. Llega un momento en el que uno, que ya vio su juego, tiene la elección de cambiar todo por el de la mesa. Hay la posibilidad de que mejore, pero también de que no. Uno toma la decisión de acuerdo a las cartas que ya sabe.

E-Ajá…

Y-La razón por la que vine a México, fue porque no tenía idea de las cartas, es decir, no las veía. Quedarme en Puebla era, de alguna manera, mucho más cómodo y seguro. Vamos, hasta mi lugar en la universidad estaba dado por hecho. Pero le aposté al juego de la mesa, y, tal vez, no porque fuera éste mejor que el otro. Le aposté porque simplemente no lo conocía…


***

El domingo vi al Juglar negro. Me había mandado información acerca de unos talleres en Puebla. También me pasó su tercer libro, Cuentomancia, que devoré en cuanto tuve en mis manos. Me dijo que él creía que yo ya estaba residiendo en esa ciudad. Le dije que no, que más bien, Puebla era hermosa pero que no podría vivir allí. Me preguntó porque. No lo había pensado, dije. Tal vez no sea por la ciudad, argüí. Pero no sé decir porqué.

Ahora que lo reflexiono, Puebla significa también la posibilidad. Pero una posibilidad fallida. O, mejor dicho, no vivida. Allí están las historias inconclusas que, ahora sí por circunstancias y no por voluntad, no germinaron.

Allí también los amigos, la gente que ya no pude conocer y la familia con la que ya no pude estar durante todo este tiempo.

Pero no, no sé si volvería ahora. Seguramente no.

Y es que esa posibilidad se acabo en el momento de elegir. Porque la que era hace cinco años no es la misma que escribe ahora, y mucho de lo que soy y he aprendido ha visto la luz gracias a las experiencias que he tenido aquí.

Me aterra vivir en Puebla porque allí está el pasado. O lo que es peor, el olor del pasado. Me aterra pensar que estando en sus calles podría encontrarme con personas que en otro tiempo y otro espacio pudieron coincidir conmigo y ser, de alguna manera, trascendentales. Me aterra la sola idea de que un hombre pase de largo sin siquiera imaginar que pudo, en otro tiempo también, en ese espacio, ser mi acompañante en un concierto de Rachmaninov.


...y no he dejado de ser cursi.


Eso también me aterra.


Fragmentos



Cuando llegué a mi casa lo primero que quise fue darme un baño, por horas. Volver a ver el azulejo y sentir que eso era mío, que estaba allí y que a pesar de mis años mi madre iría a darme las buenas noches, y apagaria la luz.

Cuando la vi, después de dos semanas de sólo hablar por teléfono y mandar mensajes cuya respuesta llegaba, a veces, tres días después al pasar junto algún poste de luz que inexplicablemente atraía la recepción, cuando la vi, pues, espere. No la abracé. Más bien estaba preocupada por las cosas que faltaban por acomodar. Salí con la toalla de baño. No cabía en la maleta. Mi padre la puso en el carro. Después, todos nos despedimos. Y yo los abracé. Quería darle besos a todos, decir que algún martes de lluvia me imaginé la mañana en Macondo y que extrañaría jugar avión con la china; o que las tardes su madre hiciera chicharrines y que me explicaran como se cocinaba algún mole... o que me enseñaran a comer guajes.

Mientras estuve allí hice una gelatina, con brandy. Le conté a la señora que en mis viajes a Huatla el doctor me había invitado un par de cervezas. Y pensaba en los perros en el precipicio. Y los ojos de la doctora.

Y Rulfo...

Y un taxista que me pidió ser su amiga... y en la siguiente madrugada tuvo un accidente, de regreso a su casa.

***

En David, que tuvo los huevos para decirme las cosas. A R, con sus ojos bajos, a las dos de la mañana, sentados en la orilla de la carretera. En las formas de las nubes, en los murmullos que oí enmedio del campo y la madrugada a los que grite, sin respuesta.


De la serpiente que casi piso en la barranca.

De la serpiente junto a mi cuarto.


En el perro que me convertí un día, arrinconada, para no pensar en los trastes venturosos y en que la vida es sencilla y uno no debe llorar frente a la gente.

En el ardor de ciertos dias.

En la modesta felicidad de otros.

En las piedras que me faltaron recoger...












A veces, el silencio



Ayer regresé de Hidalgo. Mientras bajábamos en la carretera, rumbo al valle de Meztitlán, me vino a la mente una frase que oí hace ya bastante tiempo “Alguien dijo que me vine a perder entre la niebla”

Me gusta la lluvia. También me gusta ver a las nubes, tan pesadas de agua, bajar entre los cerros. Hace poco le dije a L que en realidad no eran de mi predilección los días nublados, que de verdad influían en mi estado de ánimo. Pero ahora creo que no me gustan los días nublados justo aquí, entre el pavimento y el humo.

Me fue bien.

En varias ocasiones me desaparecí para dormitar un poco o leer calmadamente. Sigue siendo la misma casa pero ya cada quien tiene ocupaciones distintas, y está más sola. Bueno, no tanto. Del primo de diecisiete años para abajo los demás son pirinolitas que cuando crezcan serán un reverendo desmadre. Y, aunque no todos viven allí, ese es el punto de reunión por mi abuela. La casa está llena, ciertamente. Pero no de nosotros, más.

***

Entre las múltiples anécdotas que se cuentan de cuando mis padres se casaron –lo hicieron allá- hay una que me causa mucha gracia y ternura. Un tío mío, de esos tan característicos que se suben a los árboles o gritan qué si allí vive el güero más güero de la región…un tío mío, pues, ya estaba medio entrado en copas. Y en la comida le tocó sentarse junto a mi abuela. Al verla, sin mayor preámbulo y sin esperar a las presentaciones, agarró su cara y le dijo, mirándola a los ojos: Pero que bonita es, ¡Si parece usted un angelito!

Mi abuela es blanca, de ojos azules y boca pequeña. Muy reservada. Podría decir que estoica. Cuando yo tenía como dieciséis o diecisiete años, no sé, iba en la prepa, no pude evitar recordarla al leer Cien años de soledad. En ese tiempo hasta me sentí un poco culpable por hacer analogías con Úrsula Iguarán. Pero en ese tiempo también me sorprendía de que los escritores retrataran detalles que yo no percibía de la vida cotidiana. Y decía “hablan de la vida, caray”...

También por esos tiempos yo quería ser como Elena Poniatowska. Chale.


***

Cuando fui a Molca, recordé mucho la tierra de mi papá. Como, cuando éramos pequeños, pasábamos el arroyo, el agua fría…

***

Durante el trayecto de ida, no pudimos dormir. Yo no soy de las chicas nueva generación que cargan un Ipod. El CD del carro de mi padre está averiado, y empieza a fallar la señal de radio en cuanto uno se acerca a los montes. Entonces, la mayor parte del trayecto, fuimos platicando. Descubrí que mi padre es un buen narrador. A una pregunta sencilla como ¿Cómo fue que decidiste estudiar lo que estudiaste? Me contó, bueno, nos contó, alrededor de seis historias distintas. Todas relacionadas en algún momento con la narración central. Me hizo imaginar la Vega inundada, de qué manera tuvieron que pasar por lancha y luego en tractor, creo que en un lugar hasta a caballo, para que pudiera llegar a Meztitlán y de allí a Pachuca. Había llegado un telegrama, con dos meses de retraso, en el que se le informaba que había sido aceptado en Chapingo, y mi tío Tom lo acompañaba para ver si todavía podían inscribirlo allá…

Finalmente lo aceptaron, pero por azares de la vida, no terminó allí.


***


...ahora, como desde hace ya algunos días, estoy oyendo el Intermezzo de Ponce. Quería escribir que esas notas me entusiasman. Más tal vez, de lo debido.

Pero ahora, a diferencia de antes, tengo más experiencias en la bolsa. No sé bien que signifique eso, pero creo que la música vuelve a recordarme algo que ya me había enseñado: a combinar las pausas y silencios...

Veremos que sale de esta historia.



***

Por lo pronto, bien.


En realidad me fue muy bien.


...(II)




Tal vez no sea más que mi sueño...

Esa sonrisa será para otro, o a propósito de otro,

Rubia débil...

Ese mirar hacia mí casual como un calendario...

Ese agradecerme cuando no la dejé caer del tranvía

Un agradecimiento...


Perfectamente...

Me gusta oír en su sueño la continuación que no hubo

De cosas que no sucedieron,

Hay gente que nunca es adulta

Hasta creo incluso que poca gente llega a ser adulta

Y la que llega a ser adulta de hecho mueren sin darse

cuenta

Rubia déil, figura de inglesa absolutamente portuquesa,

Cada vez que te encuentro me acuerdo de los versos que olvidé...

Y es claro que no me importas nada

Ni me acuerdo de haberte olvidado sino cuando te veo,

Pero encontrarte da sonido al día y a la dejadez

Una poesía de superficie,

Una cosa más en los menos de la inutilidad de la vida...

Rubia débil, feliz porque no eres enteramente real,

Porque nada que valga la pena recordarse es

Enteramente real,

Y nada que valga la pena ser real vale la pena

Álvaro de Campos


(Pessoa, Fernando Poesía completa de Álvaro de Campos II, Trad. Miguel Ángel Flores, UAM-Verdehalago)


[Nota: pintura de:
John Henry Fuseli]

...




Ah, he estado muy ocupada. Mucho trabajo, mucho trabajo, pero contenta.


Ayer mi prima me mando varios mensajes, anda en Yucatán en un proyecto de conservación de tortugas marinas. Se notaba alegre y eso me puso de buenas. He dormido poco y acabado con las pocas reservas del refri. Finalicé por fin con el audio libro de 300 páginas del que ando hablando desde el año pasado y eso me puso aun más feliz. En breve tendré mi carta de liberación del servicio social. Lo de la tesis, por fin, va.

Escribiré pronto.





De durazno


Hace mucho tiempo no me pasaba.

La primera vez fue cuando descubrí que el aroma y el sabor de un té traía consigo las tardes en Jiliapa, los inviernos donde hacía mucho frío. Allá se toma mucho té, más que agua. No recuerdo como se llama la hierba con la que hice la infusión, pero cuando la compré estaba segura de que calmaría los nervios de los exámenes finales.

Y lo hizo.

***

Hoy, hoy me volvió a pasar. Vi duraznos, pero no de esos rojos casi encerados que venden en el super.

Vi duraznos criollos. Y probé uno. Y entonces el árbol de Jiliapa tomó vida de nuevo y mis primos y el arroyo y hasta los higos verdes con su escarcha blanca se amontonaron en mi boca de nuevo…


Hoy comí un durazno,


Y fui feliz.



[Nota: imagen de ALEJANDRA MACOUZET]

Cuento sobre las mujeres viejas...


CUENTO SOBRE LAS MUJERES VIEJAS


Me gustan las mujeres viejas

las mujeres feas

las malas mujeres


Son la sal de la tierra


No sienten aversión

por la basura humana


Conocen la otra cara

de una medalla

del amor

de la fe



Los dictadores bufonean

vienen y van

tienen las manos manchadas

con sangre de seres humanos


Las mujeres viejas se levantan al alba

compran carne fruta pan

limpian cocinan

permanecen en la calle con los brazos

cruzados

callan


Las mujeres viejas

son inmortales


Hamlet se agita en la red

Fausto hace un papel vil y ridículo

Raskólnikov golpea con un hacha


Las mujeres viejas son

indestructibles

sonríen con indulgencia


Dios muere

las mujeres viejas se levantan como cada día

al alba compran pan vino pescado

muere la civilización

las mujeres viejas se levantan al alba

abren las ventanas

quitan la suciedad

muere un hombre

las mujeres viejas

lavan los restos

entierran a los muertos

plantan flores en las tumbas


Me gustan las mujeres viejas

las mujeres feas

las malas mujeres


Creen en la vida eterna

son la sal de la tierra

la corteza de un árbol

son los ojos sumisos de los animales


Ven en su justa medida

la cobardía y el heroísmo

la grandeza y la insignificancia

como las exigencias

de un día cotidiano

sus hijos descubren América

caen en las Termópilas

mueren en las cruces

conquistan el cosmos


Las mujeres viejas salen al alba

a la ciudad compran leche pan

carne condimentan la sopa

abren las ventanas


Sólo los idiotas seríen

de las mujeres viejas

de las mujeres feas

de las malas mujeres


Porque son mujeres bellas

mujeres buenas

mujeres viejas

son un huevo

son un secreto

sin secretos

son una bola que rueda


Las mujeres viejas son momias

de los gatos sagrados

son pequeños marchitos

secos

manantiales frutos

o grasientos

budas ovales


Cuando mueren

brota del ojo

una lágrima

y se une en la boca

con la sonrisa

de una mujer joven

1963

TADEUSZ RÓZEWICZ


[Nota: imagen de Sebastiao Salgado]

Llueve

Llueve.

No tengo teléfono en casa, a unas cuadras la lluvia y la tarjeta mojada dentro de la cabina. Una lada que saldrá en cuatro pesos el minuto. Mi computadora en la mochila, pienso en encargársela al chico de la tienda, pero el teléfono ya está marcando. Contestan, es su hermano, lo llama.

Oigo que antes de hablar por la bocina, carraspea. Sabe que soy yo, piensa que estoy allí, a pocos pasos, y que le preguntaré a que hora nos veremos. Exclama ¿cómo estás? Contesto que debajo de la lluvia, y entonces cambia su tono de voz: “eso quiere decir que estás lejos”


[¿Por qué te fuiste lejos?]


Lejos, pienso, y entonces me salen las palabras y me tiembla la voz: tuve una emergencia… quería, de verdad quería verte.


No miento, en esto último no miento. Te llevaba una película, exclamo, X, ¿ya la viste? No la veas, te la llevo.

No te preocupes, estamos a merced de la causalidad… murmura.


... de verdad, estaba emocionada. Quería verte.

Yo también, responde.

Y le cuento, como Alonso me contaba, una historia extraordinaria…


***

No volveremos a vernos, lo sé, en varios meses.


***

Y llueve.

Llueve.

Como para salir a enchubascarse

…aunque haya parado, maldita sea, de llover.

[Nota: Imagen de Simon Larbalestier]

Días extraños


Desde el fin de semana pasado, en el fregadero de la cocina hay una taza. De un tiempo para acá, no importa cuanto pase, nadie, de las cuatro chicas que vivimos en este departamento, nadie hace más de lo necesario para la casa y eso quiere decir ni un traste más, ni uno menos, que le toque a lavar a cada quien (y cosas por el estilo)... ya no me desgasto en discusiones...esto de las tolerancias es complejo.

***

Le regalé a Du un pez. Ella-aunque no lo recuerde- me dijo, desde antes de su cumpleaños, que deseaba un pez. Tiene meses que fue su cumpleaños; pero no importa. Quedamos de vernos para desayunar, junto con la mija. Yo no traía ligas para amarrar la bolsa así que se lo llevé en una pecera esférica, con una planta y grava luminosa. Du ahora está muy contenta, y me habla para preguntar cuantas veces al día come, si le puede dar pan árabe en lugar de tortilla (por un equívoco olvidé su alimento en mi casa) y si podemos vernos porque no quiere que muera de hambre. Yo le dije que esos animalitos aguantaban mucho, que en el taxi venía muy estresado y casi se suicida pero con la vibra que se siente en su nueva casa-que es la de Du- estará muy bien. Ella asiente-imagino-al otro lado del teléfono.

***

Fui a preguntar sobre unos cursos de inglés en E.U. A. Meses (no muchos, tal vez dos) atrás había ido pero por tal o cual circunstancia no había encontrado informes al respecto. Estaba cerrado, o no llegaba la secretaria (claro, dejó sus cosas, se salió y cuarenta minutos después yo seguía esperando) o simplemente estaba pero me decía “vea la página de internet, allí viene todo” (¿No se le habrá ocurrido que si vengo a pedir informes es porque o en la página no vienen las especificaciones o NO TIENE PÁGINA DE INTERNET la convocatoria?). Ese día le mostré la puerta donde estaba pegada la información. Y le dije “No hay ninguna dirección, ve? (ni si quiera se espero a que le dijera que curso era) me dijo entonces “pues tendrá que hablar con la doctora” le pregunte, todavía en tono cortés “¿A qué hora puedo encontrarla? A lo que respondió “Pues no sé, luego sale, está aquí un rato pero sale, es una persona ocupada” Bueno, dije, hágame una cita. Y rebatió “eso no asegura nada, a veces queda pero le salen otras cosas, no llega. Por eso no hacemos citas”

Pedí el teléfono. Estuve a punto de azotar la puerta.

Hoy que vi a la doctora me dijo que el plazo había vencido el último día de abril. Pensé en voz alta “Bueno, vine un par de veces y no la encontré” y ella muy a la defensiva me respondió “Bueno, si no metió papeles no es mi culpa, siempre estoy aquí, cuando salgo de clases vengo para acá” y remató "Y si no estoy yo, está mi secretaria"


Su secretaria es bipolar, pensé.

***

Esa vez no quise tomar taxi para mi consulta. Me iba a ir caminando después de sacar la basura y de mostrar lo insoportable que me resulta a veces el muégano que tengo por vecino. Pues me iba a ir caminando a mi consulta y se soltó un chubasco. Y una granizada. El taxi no me dejó completamente a donde iba, pero me cobró dos pesos.

***

En el curso de la Condesa (me ha servido para descubrir autores que tal vez no me hubiera topado de otra forma, por ejemplo, a William Saroyan) una señora, amable y tal vez dueña de un estacionamiento en la Zona Rosa, nos sacó copias de un libro entero de novela corta. No nos cobró.

***

Vi, mientras leía en el Parque México, a un hombre, atractivo, con su perro. Me dirigió también varias miradas. Es en este momento, pensé, en el que en las películas el perro viene y el hombre dice, oh, espero no te moleste y yo digo oh no, ¿cómo se llama?.. y fue en ese momento, en el que, en mi vida, yo bajo la mirada, pongo pose de mamona (o de gazapo) y el hombre simplemente desaparece…

***

Iba a acabar el post con la frase “… y la taza sigue allí” pero, la verdad es que no es cierto. Fui a preparar algo de cenar y, mientras limpiaba la cocina, puse el soundtrack de Juno...y la lavé.


***

No sé si han sido días más extraños, o, simplemente, les he puesto más atención…

***

P.D. Hago pública tu felicitación, Anuar. Tal vez esto parece final de postal de segundaria, pero a veces, simplemente, hay que dejar de hacer el ocho en la jaula del tigre y decir las palabras: gracias, de verdad gracias, por ser tan chido. Te quiero mucho…y felicidades, y felicidades más.